Samyra abandonó el palacio antes de que terminara la fiesta.
Le había enviado un mensaje a Omar diciéndole que regresaría a casa porque le dolía la pierna.
No era una mentira completa.
La pierna realmente le dolía. Pero tampoco era toda la verdad.
Lo que de verdad le dolía era el corazón.
Mientras el automóvil avanzaba por las iluminadas avenidas de Dubái, permaneció en silencio observando la ciudad a través de la ventana.
Los rascacielos brillaban como gigantes de cristal.
Las luces decorativa