La música de la fiesta continuaba sonando en los jardines del palacio.
Las risas. Las conversaciones. El tintinear de las tazas de té.
Todo seguía igual para el resto de los invitados.
Pero para Nayla, el mundo acababa de romperse.
Samyra aprovechó para marcharse sin ser vista.
Oculta tras una columna, había escuchado lo suficiente para comprender algo que la dejó inquieta.
Omar no estaba enamorado de Nayla. Nunca lo había estado durante este tiempo.
Y tampoco pensaba convertirla en una verdade