Samyra llegó al hotel poco antes del anochecer.
Había elegido uno discreto, lejos de las zonas que frecuentaba la familia Al-Sabah y lejos de cualquier lugar donde alguien pudiera reconocerla fácilmente.
No quería preguntas. No quería explicaciones. No quería que nadie intentara convencerla de regresar.
Solo necesitaba silencio.
La recepcionista le entregó la llave de una suite en uno de los pisos superiores. Ella agradeció con una sonrisa cansada y subió sola.
Cuando la puerta se cerró detrás d