El hospital estaba sumido en un desorden creciente cuando Omar atravesó los pasillos con pasos apresurados.
El aire era denso, cargado de tensión, con el sonido constante de voces superpuestas, puertas abriéndose de golpe y el eco de pasos rápidos sobre el suelo brillante. Las enfermeras iban y venían con prisa, algunas cargando expedientes, otras intentando mantener el control en medio de una situación que claramente había salido de lo habitual.
Omar no necesitó preguntar demasiado. Algo en el