La gente comenzó a mirar hacia ellos.
Los murmullos aumentaron.
—¡No estoy celoso!
—Entonces ¿por qué quieres echarme?
—Porque no eres bienvenida, no aceptamos a mujerzuelas como tú en este lugar.
Miran sintió que la humillación le quemaba el rostro.
—¡Tú no puedes hacerme esto!
Malik hizo un gesto.
Los guardias se acercaron.
—Por favor, acompáñenla afuera.
—¡No!
Miran comenzó a resistirse.
—¡Suéltenme!
El escándalo llamó la atención de todos.
El señor Hussein intentó intervenir, pero los guardi