—¡Oh, por Dios! ¡Miren quién llegó!
La exclamación de una mujer llamó inmediatamente la atención de varias personas que se encontraban cerca de la entrada.
Los murmullos comenzaron a extenderse por el salón como una corriente imparable.
—¿Es ella?
—No puedo creer que se haya atrevido a venir.
—Esa mujer es una descarada.
—No tiene pudor ni vergüenza.
Inaya, que hasta hacía unos segundos se encontraba junto a Malik, frunció el ceño.
—¿Qué sucede?
Miró alrededor.
Todos parecían observar hacia el m