El salón entero quedó sumido en un silencio sepulcral.
Las palabras de Essyra seguían resonando entre las columnas de mármol, como un veneno que se extendía lentamente entre los invitados.
Nadie se atrevía a pronunciar una sola palabra. Empresarios, jeques, ministros y miembros de las familias más influyentes de los Emiratos permanecían inmóviles, incapaces de creer que alguien hubiera tenido el atrevimiento de humillar públicamente a la nueva señora Al-Sabah el mismo día de su boda.
El jugo der