Tariq permanecía inmóvil en medio del salón.
No escuchaba la música.
No escuchaba el murmullo de los invitados.
Todo a su alrededor se había convertido en un ruido lejano, casi inexistente.
Solo veía una imagen.
Hasret. La sangre golpeaba con violencia contra sus sienes, como si quisiera romperle el cráneo. Su pecho subía y bajaba con dificultad, incapaz de aceptar la realidad que tenía frente a los ojos.
La mujer que durante años había considerado de su propiedad… La joven a la que jamás creyó