El silencio en la habitación era distinto esta vez.
No era descanso. Era decisión.
Samyra se sentó lentamente en el borde de la cama, como si cada movimiento tuviera peso propio.
Respiró hondo, tratando de ordenar todo lo que había escuchado en los últimos días, todo lo que no había sido dicho directamente, pero que ya no podía ignorar.
Ya no quería llorar. Ya no quería esperar.
Se levantó con calma, subió las escaleras hacia su habitación y cerró la puerta detrás de ella.
Por primera vez en muc