Inaya sintió que la vida comenzaba a escaparse de su cuerpo.
Las manos de aquel hombre apretaban con fuerza su cuello, impidiéndole respirar.
Intentó apartarlo desesperadamente, clavando las uñas sobre sus brazos, pero él era mucho más fuerte.
Cada segundo que pasaba le robaba un poco más de aire.
Su pecho ardía.
La desesperación comenzó a apoderarse de ella.
Abrió la boca intentando tomar una bocanada de oxígeno, pero era inútil.
Solo logró emitir un débil jadeo.
Sus ojos empezaron a llenarse d