Malik levantó con cuidado a Inaya entre sus brazos.
Ella apenas podía mantenerse en pie.
Las marcas violáceas alrededor de su cuello eran una dolorosa evidencia de lo cerca que había estado de perder la vida. Su respiración seguía siendo irregular, y cada vez que intentaba inhalar profundamente, una punzada recorría su garganta.
Malik apenas la miró.
Su rostro permanecía serio, rígido, completamente devastado.
Con pasos firmes salió del departamento sin dirigir una sola palabra a Miran ni al hom