Charles Schmidt
Ella asintió de nuevo, esta vez con más suavidad, como si comprendiera lo que realmente quería decir. No eran solo palabras de cortesía. Era gratitud sincera. Porque en medio de todo el caos, de todas las decisiones mal tomadas y las heridas abiertas, ella había sido una constante en la vida de mis hijos. Y ahora, también en la mía.
Me giré y caminé por el pasillo largo hasta llegar al despacho. Cada paso resonaba en el suelo de mármol. Las paredes seguían decoradas como las hab