-Charles Scmidt
La señora Eva —la madre de Rebeca— nos observaba desde el umbral del comedor. No se atrevía a intervenir. Su rostro, tenso y pálido, reflejaba un miedo sordo. Sabía bien quién era yo… y de lo que era capaz por mis hijos.
—No vine a discutir —dije finalmente, con voz baja, casi un susurro—. Vine a ver a mis hijos. Eso es todo.
—¡Mentira! —Rebeca alzó la voz, pero enseguida miró de reojo hacia la ventana. Bajó el tono bruscamente—. No te preocupes, Charles. No viniste a verlos. V