– Charles Schmidt
Salí de la casa sin mirar atrás. Necesitaba aire. Mi cuerpo aún sentía el eco de la pelea, pero sobre todo, el peso de su mirada. Cerré la puerta detrás de mí y levanté la vista.
Allí estaban.
Mis tres hijos jugaban entre ellos en el jardín, bajo la atenta mirada de Carmen y la señora Eva, quien me miraba con fijeza, con una mezcla de desconfianza y resignación. Aiden era el primero que me vio. Eva y Damián voltearon al instante, y en cuanto sus ojos me reconocieron, corrieron