– Charles Schmidt
Entré a la casa con el corazón latiendo con furia. Las palabras de Rebeca todavía me retumbaban en la cabeza, y la imagen de ella alejándose, llevándose a mis hijos, calaba en cada rincón de mi cuerpo.
Apenas crucé el umbral, la vi.
Amelia.
Estaba en la sala, con un vaso de whisky en la mano y una sonrisa dibujada como si acabara de ganar algo. Me hervía la sangre solo con verla.
Me acerqué a ella sin decir una palabra, tomé el vaso con fuerza y se lo arranqué de las manos lan