– Charles Schmidt
Desde el auto, vi cómo Julian le abría la puerta a Rebeca. Ella sonrió, le agradeció y caminó hacia su casa sin mirar atrás. Él se quedó unos segundos contemplándola desde el auto antes de marcharse.
Respiré hondo.
No hubo beso. No hubo caricias. Solo una despedida.
Pero eso no calmó el incendio dentro de mí.
—Espérame aquí —le dije al chofer, saliendo del auto sin esperar respuesta.
La noche era húmeda y silenciosa. El barrio dormía, ajeno al caos que llevaba en el pecho. Cru