Capítulo 160

Aiden Schmidt

El movimiento suave del auto se detuvo de repente, pero mi corazón seguía corriendo como si estuviera en una carrera de velocidad. El silencio que siguió al apagarse el motor fue más aterrador que el ruido de las ruedas. Estábamos quietos. Y eso significaba que habíamos llegado a donde los hombres malos querían llevarnos.

Andrés estaba acurrucado frente a mí, abrazándose las rodillas. Estaba temblando tanto que sus dientes castañeteaban un poco. Se veía tan pequeño, tan asustado, que por un momento olvidé que él era el hermano mayor. Claro, solo nos llevamos seis meses, pero tenemos la misma edad.

Me acerqué a él y le puse una mano en el hombro.

—No llores —le susurré, tratando de que mi voz sonara fuerte, como la de papá cuando nos dice que todo va a estar bien—. Yo estoy contigo. No voy a dejar que te hagan nada.

Andrés levantó la vista. Tenía los ojos llenos de lágrimas, pero al mirarme, asintió despacio. Se pasó la manga de la camisa por la cara, limpiándose los moco
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