—Deben estar arriba —dijo Charles, poniéndose de pie con una expresión de locura en el rostro—. Deben estar escondidos en la habitación. ¡Aiden es listo! ¡Seguro se llevó a Andrés y se escondieron!
Charles no esperó. Salió disparado hacia las escaleras, subiendo los peldaños de dos en dos.
—¡Aiden! ¡Andrés! —gritaba mientras subía—. ¡Soy papá! ¡Salgan!
Yo me quedé abajo un segundo, paralizada por el terror. "Por favor, Dios", recé en silencio. "Que estén escondidos. Que estén debajo de la cama.