Eva, con sus grandes ojos llenos de curiosidad, ladeó la cabeza.
—¿Y dónde está su mamá, papá?
Charles tragó saliva, buscando la respuesta adecuada.
—Muy lejos, hija. Pero prométanme que van a tener paciencia. Van a hacer que Andrés se sienta como en casa y que sienta que lo amamos, aunque él no quiera jugar ahora. ¿Pueden hacer eso por mí?
Aiden, recuperando su postura firme, asintió.
—No te preocupes, papá. Yo voy a ayudar a mi hermano. Ya lo verás. Él se pondrá feliz.
—Y yo le voy a prestar