— Rebeca Miller
El silencio de la habitación era tan profundo que podía escuchar el suave ritmo de la respiración de Charles mientras dormía. La luz tenue de la lámpara bañaba su rostro y, por un instante, lo observé con calma, sintiendo cómo la paz volvía lentamente a mi pecho después de días de angustia.
Pero aquel instante de quietud se rompió cuando alguien golpeó suavemente la puerta. Me incorporé sin hacer ruido, cuidando de no despertarlo, y caminé hasta la entrada con pasos silenciosos.