Había tomado una decisión de la que no me arrepentía ni un solo segundo, acercarme a ella, decirle lo mucho que la extrañaba y pedirle que no me alejara de su lado. Habíamos tenido un encuentro especial, diferente, único. Y aunque faltaban algunas horas para verla de nuevo, me ardía el corazón al sentir que el tiempo pasaba demasiado lento.
Llegó la hora, compré una rosa blanca y llegué al local, toqué suavemente el vidrio mientras la observaba al fondo acomodar algunas cosas. Esperé afuera un