Pasaron algunos meses y aunque no sabía de Fabián, no había día en que no pensara en él. Era un ardor extraño en mi pecho que me gritaba su nombre, pero era simplemente imposible seguir aferrándome a ese breve recuerdo de sus palabras, de sus labios. Constantemente lo apartaba de mis pensamientos y aunque lograba pensar en otras cosas por breves momentos, de nuevo su rostro se presentaba.
En este tiempo estuve con dos clientes VIP, afortunadamente ninguno me tocó, solo querían compañía. Con uno