Luego de ver nuevamente al cliente misterioso, “Eduardo”, no pude evitar recordar lo inmadura de mi conversación. Estaba a la defensiva y, con su actitud respetuosa, solo lograba hacerme sentir más nerviosa. Daria lo que fuera por ser exclusiva en realidad, pero mi gran temor era que nuevamente Sergio quisiera aprovecharse.
Volví al Luxury y prácticamente no había nadie.
El misterioso “F” o “Eduardo” visitaba mi mente una y otra vez y no había manera de olvidar la conversación que había generad