Isabella
El quinto día después de que Ryan partiera a Noruega fue extraño (claro, no sabíamos que el viaje se extendería pero lo agradecimos). La casa, que normalmente estaba llena de su presencia, ahora parecía respirar tranquila, y por primera vez en años sentí que podía exhalar sin que nadie me obligara a contenerme. Sabía que Evans estaría cerca, vigilando, controlando… y eso me generaba una mezcla de seguridad y deseo que no podía ignorar.
Me desperté tarde, con la sensación de que la noche anterior había borrado cualquier límite que me quedaba. Cada recuerdo de nuestros cuerpos entrelazados, de su aliento cálido en mi piel, me provocaba un calor que subía rápidamente desde el estómago hasta el pecho. Sabía que no podía mirar hacia otro lado; estaba atrapada entre la culpa y el deseo, pero una parte de mí deseaba hundirse por completo en la realidad que Evan ofrecía.
Cuando bajé a la cocina, él estaba allí, como si me hubiera estado esperando. Su mirada azul, intensa y fija, me h