Isabella
El consultorio de Mara huele a té de manzanilla, es el único lugar que tiene permiso para desarmarme sin pedirme explicaciones.
Me quito el abrigo, lo doblo con cuidado y lo dejo sobre la silla. Mara me observa en silencio, como siempre, y me sonríe de lado. Ella tiene un excelente olfato para identificar emociones, y sospecho que con solo mirarme se imagina lo que viví anoche.
—Que bien luces hoy. —Es su recibimiento, y me sonrojo—. Oh, wow, ahora te pones colorada y todo, es un t