Capítulo 23: La Persecución Inesperada
Las ruedas crujieron sobre la gravilla, dejando atrás el lujo opresivo de la hacienda La Cima. Valentina, apoyada contra la ventanilla, miraba el paisaje con los ojos vacíos. Eva intentó iniciar una conversación, pero al final se limitó a apretarle la mano en silencio. Dentro del vehículo flotaba una tristeza densa, propia de una despedida.
Eva entendía el estado de Valentina. Sabía que esa clase de dolor no se curaba de la noche a la mañana, y solo podía esperar que su amiga no se hubiera involucrado demasiado, confiando en que el tiempo cerraría la herida lentamente.
Y para sanar un corazón herido, no había mejor medicina que volver a la naturaleza.
Cambiando de plan al último momento, Eva no se dirigió a los bulliciosos pueblos argentinos, sino que indicó una ruta secundaria que serpenteaba hacia lo profundo de la cordillera de los Andes. El destino era un pequeño lugar llamado San Martín de los Andes.
Valentina no necesitaba distracciones, si