ALEXANDER
Aflojé mi corbata en cuanto crucé el umbral de mi casa, con la tensión tan profundamente anudada en los hombros que parecía una banda a punto de romperse. Por fin había cerrado el trato con los Graham. Era una victoria por la que llevaba años trabajando y, aun así, estando aquí, era lo último que quería celebrar. No, ese triunfo ahora era vacío, apagado por la imagen de ella: Raina. La forma en que me miró, desafiándome a enfrentarla, a llevarle la contraria. Tuvo el descaro de aparec