ALEXANDER
—Eliza, basta —la interrumpí, con la voz baja e inflexible—. Esto no se trata de nosotros. Se trata de Liam.
—Entonces ve con ella —replicó, apenas capaz de mirarme—. Tíralo todo por la borda por la mujer que te abandonó. Espero que te arrepientas.
Se marchó antes de que pudiera decir algo más. El eco de sus tacones resonó por el pasillo, y el fuerte golpe de la puerta marcó su partida. Solo, lo único que pude hacer fue prepararme e ir a la oficina, temiendo lo que me depararía el día