RAINA
El trayecto fue corto, pero con cada minuto que pasaba sentía cómo mi corazón comenzaba a acelerarse.
Las manos se me humedecieron.
Mi mente daba vueltas sin parar.
¿Por qué nos dirigíamos hacia allí?
No fue hasta que el coche se detuvo frente a la entrada del hospital cuando el miedo se instaló de verdad dentro de mí.
Frío.
Implacable.
—¿Qué significa esto? —exigí, sujetándolo del brazo cuando bajó del coche. Mi voz apenas era un susurro tembloroso.
Se sentía como otra traición.
Me sostu