RAINA
¿De verdad estaba haciendo lo correcto?
La pregunta flotaba como un fantasma mientras me acomodaba el cuello de la blusa frente al espejo.
Dominic había insistido en que yo dirigiera este proyecto, no solo porque eso sacaría de quicio a Alexander —aunque solo eso ya era motivo suficiente—, sino porque creía que había llegado el momento de asumir algo más grande, algo que realmente me desafiara.
Pero este desafío era personal.
Era una prueba de mi resistencia, de mi determinación y, quizá,