Sus labios se encontraron.
Los labios de Alejandro estaban ligeramente fríos... y eran el mejor antídoto para Patricia.
En ese momento, solo había un pensamiento en su mente: Quería tener sexo con él.
Al darse cuenta de que ella estaba perdiendo el control, Alejandro giró el rostro y evitó sus labios.
—Te llevo al hospital de inmediato.
Patricia escuchó su voz, pero su mente no lograba procesar esas palabras.
Sus brazos se enroscaron en él, aferrándose con fuerza mientras buscaba desesperadament