Norma seguía sonriendo con dulzura.
—¿Qué tal? ¿A poco no tiene un aroma delicioso?
—Déjeme probar otra vez.
Patricia llevó la taza a los labios, dio un sorbo y, al bajarla, aprovechó para limpiarse la boca con una servilleta, escupiendo el té sin que se notara.
—Sí, es dulce al gusto, muy aromático. Es un buen té.
Preocupada por el efecto de lo poco que había tragado, se puso de pie.
—Voy a lavarme la cara, con permiso.
Entró al baño, cerró con seguro y abrió la llave.
Con el ruido del agua com