Capítulo 46.

Capítulo 46

Sarah.

Eran las diez de la noche y las luces de las oficinas del último piso se habían apagado hacía horas. El Grupo Ríos se sentía como una tumba de cristal, un mausoleo donde mis ojos ardían frente a la pantalla de la computadora y cada cifra que cruzaba parecía una burla a mi agotamiento.

Sentía una punzada en el vientre, un efecto secundario de la inyección que me recordaba que, aunque no hubiera un bebé en camino, mi cuerpo seguía siendo un campo de batalla.

Alejandro se había
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