Capítulo 38.
Capítulo 38
Sarah.
El silencio de la mansión era distinto al del hospital. No había máquinas pitando ni los pasos apresurados de las enfermeras; solo el zumbido del aire acondicionado y el latido desbocado de mi propio corazón.
Me quedé mirando el techo durante lo que parecieron horas, con la garganta seca y esa presión en el pecho que no me dejaba respirar.
Necesitaba mi cartera. Necesitaba tener ese papel en mis manos para asegurarme de que todo estaría en orden.
Me obligué a sentarme en el