Capítulo 37.
Capítulo 37
Sarah.
Dos días. Cuarenta y ocho horas comprimidas en cuatro paredes blancas. No me había movido de aquella silla más que para ir al baño a mojarme la cara con agua fría, intentando despertar un cuerpo que ya no me obedecía.
El cansancio no era solo sueño; era un peso físico, como si tuviera los huesos llenos de plomo.
Cada vez que cerraba los ojos, veía esa letra en el informe.
Esa letra era un fantasma que me perseguía. Me hacía mirar a Joe y buscar rasgos que no fueran de Miguel.