Capítulo 36.

Capítulo 36

Sarah.

El silencio de la habitación 402 era más ensordecedor que el ruido de la sala de espera. Aquí, el único sonido era el pitido rítmico del monitor y el del oxígeno que ayudaba a Joe a respirar. Mi hija parecía un muñeco de trapo sobre las sábanas blancas, tan pequeña, tan frágil que sentía que si la tocaba con demasiada fuerza, se rompería en mil pedazos.

Alejandro se había ido hace diez minutos. Se marchó para "exigir" una habitación privada y para hablar con el jefe de hemato
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Maria Medranotremendo lío ... lo sospeche desde un principio y estoy segura que Alejandro también tiene la sospecha
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