Capítulo 34.
Capítulo 34
Sarah.
Durante las siguientes tres semanas, mi vida se redujo a tres lugares: la oficina, el asiento trasero del coche de Alejandro y la habitación de Joe. Dormía cuatro horas, si tenía suerte. Los ojos me ardían constantemente, una sensación de arena bajo los párpados que ya se había vuelto parte de mi anatomía.
Alejandro no me daba tregua. Parecía que su objetivo principal no era que la empresa funcionara, sino ver cuánto peso podía cargar sobre mis hombros antes de que mis rodill