Júlia miraba a Leonardo y mordía su labio inferior, nerviosa al notar la expresión enigmática de él mientras la observaba bajo la suave luz de la luna.
— Yo... sé que tienes una vida allá, que construiste un imperio con mucho esfuerzo y trabajo. Sé que es tu vida y que necesita tu atención, pero... tengo miedo — confesó ella, con la voz entrecortada. — Tengo miedo de volver a Madrid y que volvamos a ser engullidos por los problemas, por las intrigas, y terminemos alejándonos. Nuestra vida ahora