— Muchas gracias por la estadía — dijo Leonardo, extendiendo la mano a Joaquim, quien la estrechó con firmeza.
— Fue un placer tenerlos aquí. ¡Siempre serán bienvenidos! — respondió Joaquim, sonriendo con sinceridad.
— ¡Gracias por el poni, tío! — exclamó Dália, abrazándolo con fuerza.
— No hay de qué, princesa. Pronto lo enviaré a tu casa.
— ¡Ven a visitarnos también! — lo invitó la niña, emocionada. — Te mostraré mi castillo, mi jardín y el parque que papá hizo para mí en el patio.
Joaquim so