2 horas pasaron, faltaba 1 hora para la medianoche, y ninguna señal de Leonardo en el anexo.
Júlia miró una vez más el celular, con el corazón apretado, casi sofocado en el pecho, observando la hora y con la esperanza de ver alguna notificación de Leonardo, y nada.
"Él no vino… tal como hace 6 años. Me dejó esperándolo."
Se secó la lágrima que escapó, respiró hondo y se levantó del sofá, caminando hacia la puerta.
Pero, en cuanto la abrió, vio al hombre parado allí.
–Tú… ¿qué haces aquí?– pregu