–Júlia– llamó Dália mientras jugaba con su osito, sentada en el tocador después del baño.
–Sí– respondió Júlia sonriendo, peinando el cabello de la niña.
–¿Por qué mamá está tan buena?–
Júlia miró el reflejo de Dália en el espejo, así que incluso ella lo había notado.
–Antes siempre me hablaba alto, no jugaba conmigo, decía que soy molesta y mimada, pero hoy sonrió, me abrazó, contó historias de cuando estaba en su barriga, ¡y hasta me besó y dijo que me amaba!– los ojos de Dália brillaron de a