Leonardo apretó los puños ante aquella afrenta y audacia. Había estado saliendo con su hija a escondidas, dejándolo como un idiota, ¿y ahora se atrevía incluso a decir que quería hacerla su esposa?
— ¡Sal de mi vista, ahora! — rugió Leonardo al guardaespaldas.
Sebastián miró al mayor, inconforme, pero sabía que enfrentarlo en ese momento no era la mejor opción.
— Me iré. Pero quiero que sepa que todas las palabras que dije hoy aquí son reales y verdaderas. Amo a su hija y voy a luchar por nuest