Dalia sintió su corazón latir con fuerza al ver a Sebastián después de tantos días, y se quedó allí parada, sin saber cómo reaccionar, mientras él también la miraba, muriéndose de ganas de acercarse y abrazarla.
Leonardo frunció el ceño y ya iba hacia el joven para reclamarle, pero Júlia le sujetó el brazo.
— Creo que debemos entrar ahora. —
— ¿Qué? ¿Por qué? —
Júlia miró a Dalia, que seguía inmóvil, mirando a Sebastián.
Leonardo lo notó, lo que hizo que su expresión se endureciera aún más al v