「Samanta」
Matías me despertó con un beso en la frente y una taza de café recién hecho. Me sonrió de ese modo en que solía hacerlo cuando aún éramos solo nosotros dos, sin ruido, sin escándalos, sin heridas abiertas.
—Estabas hablando dormida —me dijo.
—¿Sí? ¿Y qué dije?
—No lo entendí. Pero sonreías.
Me reí bajito, tapándome con las sábanas.
—Entonces debió ser un buen sueño.
Él me miró como si yo fuera el único milagro que le quedaba en la vida. Y yo… de verdad quise creer que todo había vuelt