「Adrián」
Entré al salón Alfa minutos antes que los demás. Una sala ovalada, imponente. Paneles de madera caoba pulida. Sillones de cuero oscuro alineados con precisión. Pantallas digitales en cada extremo. Todo preparado para decisiones que movían cientos de millones de dólares.
Me senté en uno de los extremos de la mesa, con la espalda recta, el rostro sereno, y los ojos bien abiertos. Observando. Analizando. Controlando.
A mi derecha, un par de directivos murmuraban entre sí. A mi izquierda,