Era lunes. El primero después del desastre.
El mármol blanco del piso brillaba como si nada hubiese pasado. Las mismas paredes impecables, las mismas puertas de vidrio esmerilado, los mismos cuadros fríos y perfectos que colgaban de los muros como si el tiempo no los tocara.
Pero yo ya no era la misma.
Y cada paso que daba dentro de Sandoval Group—ahora, gracias a los juegos de poder, Sandoval & Belandria Group—se sentía como una puñalada directa al ego.
A mi orgullo.
A lo poco que quedaba de d