La camioneta negra se detuvo frente al edificio residencial más exclusivo de Lomas de Chapultepec.
—Quiero quedarme aquí —dijo Samanta con voz suave, sin mirarlo.
Matías giró apenas el rostro hacia ella, estudiándola.
Estaba hermosa, incluso sin maquillaje, con el cabello suelto y la mirada extraviada. Pero no era la belleza lo que le interesaba en ese momento.
Era el desprecio silencioso con el que lo trataba.
—¿Segura? Podrías venir conmigo a casa de mi padre. Necesitamos discutir lo de Adriá