SEIK
El suelo crujía bajo nuestras patas, el aire frío del bosque envolvía cada uno de nuestros movimientos mientras seguíamos el rastro. Zacarias iba a la cabeza, su figura esbelta pero poderosa, moviéndose con una agilidad que solo los más experimentados en el rastreo podían alcanzar. Los demás guerreros, en su forma lobo, se mantenían en silencio, atentos a cualquier cambio en el ambiente. La búsqueda había comenzado con fuerza, pero pronto nos encontramos con un vacío, un rastro que se desv