El despertar fue gradual.
Primero fue consciencia sin forma, un sentido vago de existir sin saber dónde o por qué. Luego llegó el dolor, sordo pero persistente, centrado en su abdomen como si algo hubiera sido arrancado de ella.
Lo había sido.
La memoria regresó en fragmentos: el baño, la sangre, Matilde rompiéndose paso a través de la ventana, el taxi, las luces del hospital.
Valerie abrió los ojos.
El techo era blanco, impecablemente limpio, sin las manchas de humedad que conocía de memoria d