Tres razones para vivir

El despertar fue gradual.

Primero fue consciencia sin forma, un sentido vago de existir sin saber dónde o por qué. Luego llegó el dolor, sordo pero persistente, centrado en su abdomen como si algo hubiera sido arrancado de ella.

Lo había sido.

La memoria regresó en fragmentos: el baño, la sangre, Matilde rompiéndose paso a través de la ventana, el taxi, las luces del hospital.

Valerie abrió los ojos.

El techo era blanco, impecablemente limpio, sin las manchas de humedad que conocía de memoria del departamento. Había luces fluorescentes que zumbaban suavemente, un sonido que debería ser molesto pero que de alguna forma era reconfortante en su normalidad institucional.

Giró la cabeza y el dolor en su abdomen protestó, recordándole que no debía moverse demasiado rápido.

Estaba en una habitación de hospital.

Pequeña pero limpia, con paredes color verde menta y una ventana por donde entraba la luz gris del amanecer. Había máquinas junto a su cama, monitores que mostraban números que no ent
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