El jueves, los niños enfermaron de verdad.
No la fiebre leve del fin de semana anterior. Fiebre alta, cuarenta y un punto dos en Adrián, cuarenta en los otros dos, el tipo de temperatura que hace que los cuerpos pequeños se pongan livianos y los ojos vidriosos y la voz como de alguien que habla desde el fondo de un pozo.
Valerie llamó al trabajo a las siete de la mañana.
—No puedo ir hoy —dijo.
Celia, al otro lado, dijo que de acuerdo. No preguntó por qué. Era la primera baja de Valerie en mese